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27 de marzo de 2014
Amor Amarillo
Gustavo Adrián Cerati sos inmenso. Sos el sol que derrite todo. El codo que borra el universo y la mano que lo reinventa en cada golpe de muñeca. Tu cicatriz en mí es tan grande que jamás podrá cerrarse. Voy despacio para encontrarte y lo hago. Adentro mío es único cada vez que te escucho. Hay una divina obsenidad que se desarrolla por dentro y amo quedarme así. Sos un cuerpo de luz corriendo en pleno cielo, un cristal de amor amarillo. Me hacés falta. Me pones romántico y repleto de clichés. No hay uniforme ni disfraz de piel humana que pueda saciar esta sed que deja tu mar. Sos el espejo que refleja lo que soy y me muestra lo duro que es aprender.
26 de julio de 2012
Contradicciones #1
Es tan extraña esa sensación. Las emociones y los sentimientos, por su naturaleza cambiante, tienden, junto a la energía vital propia de nuestros cuerpos, a ascender y descender en sus intensidades y volúmenes con mucha fuerza, ímpetu y frecuencia. Indiferente al motivo, es junto con esas revoluciones, que todo en nosotros se re-estructura en situación.
Como un entramado de sensaciones, emociones reconfigurándose a cada instante, así percibimos nuestro mundo interno y nuestro mundo externo. Las distintas formas de percibir esos mundos, revelarán según su disposición y características, nada más ni nada menos, cómo nos estamos sintiendo en un momento dado.
Desestructurando el concepto de 'lo bueno y lo malo', nuestras emociones están en pos de diferentes objetivos, explícitos e implícitos para nuestro consciente e inconsciente. Es en base a ellos, que lo agradable o desagradable ó placentero y displacentero se manifiesta.
El tiempo junto a las experiencias que atravesamos nos demuestran de forma grafica-vivencial las diferentes reacciones y maneras de pensar, propias de cada sujeto. Es así entonces, como con el pasar del tiempo, nos vemos a nosotros mismos y a los que nos rodean, ofuscados en dificultades y opresiones. Nos vemos enfrentando obstáculos constantes en relación a nuestra autoestima, a nuestra propia valoración por lo que pensamos. Inclusive nuestra preciada liviandad a la hora de expresarnos se ve disminuida cuando nuestra energía reposa en lo bajo. Sin embargo, pequeños eventos pueden volvernos emocionalmente fuertes (no confundir con endurecerse) a tal punto de llenar todo nuestro interior con una energía generada a partir de entendernos y sentir que estamos completándonos haciendo lo que sentimos.
Es así como los opuestos juegan en sus delgadas líneas, llevándonos de aquí para allá, esclavos de la tormenta. La contradicción no resuelve de un lado jamás. Sabemos que los extremos son tangentes de un solo punto; se los cruza una vez y se sigue, no se detiene uno ahí. La dialéctica de esa contradicción y nuestra manera de abordarla, parecería dar por consecuencia, el nivel de control que tendrá cada uno de lo anteriormente hablado.
Es tan extraña esa sensación de tener y no tener ese control.
Como un entramado de sensaciones, emociones reconfigurándose a cada instante, así percibimos nuestro mundo interno y nuestro mundo externo. Las distintas formas de percibir esos mundos, revelarán según su disposición y características, nada más ni nada menos, cómo nos estamos sintiendo en un momento dado.
Desestructurando el concepto de 'lo bueno y lo malo', nuestras emociones están en pos de diferentes objetivos, explícitos e implícitos para nuestro consciente e inconsciente. Es en base a ellos, que lo agradable o desagradable ó placentero y displacentero se manifiesta.
El tiempo junto a las experiencias que atravesamos nos demuestran de forma grafica-vivencial las diferentes reacciones y maneras de pensar, propias de cada sujeto. Es así entonces, como con el pasar del tiempo, nos vemos a nosotros mismos y a los que nos rodean, ofuscados en dificultades y opresiones. Nos vemos enfrentando obstáculos constantes en relación a nuestra autoestima, a nuestra propia valoración por lo que pensamos. Inclusive nuestra preciada liviandad a la hora de expresarnos se ve disminuida cuando nuestra energía reposa en lo bajo. Sin embargo, pequeños eventos pueden volvernos emocionalmente fuertes (no confundir con endurecerse) a tal punto de llenar todo nuestro interior con una energía generada a partir de entendernos y sentir que estamos completándonos haciendo lo que sentimos.
Es así como los opuestos juegan en sus delgadas líneas, llevándonos de aquí para allá, esclavos de la tormenta. La contradicción no resuelve de un lado jamás. Sabemos que los extremos son tangentes de un solo punto; se los cruza una vez y se sigue, no se detiene uno ahí. La dialéctica de esa contradicción y nuestra manera de abordarla, parecería dar por consecuencia, el nivel de control que tendrá cada uno de lo anteriormente hablado.
Es tan extraña esa sensación de tener y no tener ese control.
2 de septiembre de 2011
Un modelo, un espacio.
Poder expresar, poder manipular, poder transformar tu realidad para que los demas la vean. Hacerse entender con un otro que te signifique. Poder abrirse y decir "soy todo esto, y mucho más". Poder volver a mostrar lo que somos y no reprimirnos por el miedo a la mirada de un otro. Redescubrir nuestro verdadero yo que dejamos de lado tantas veces.
Para mí, eso es arte. El constante rediseño del protovinculo entre nuestro mundo interno y nuestro mundo externo. Hacer explicito todo mi mundo interior. Con sus macro fantasías, con sus miedos y tabúes. Con su pureza y con su perversión. Con su arriba y su abajo. Todo en uno, de adentro hacia afuera.
Único en su especie.
Eso, para mí, es Arte.
Para mí, eso es arte. El constante rediseño del protovinculo entre nuestro mundo interno y nuestro mundo externo. Hacer explicito todo mi mundo interior. Con sus macro fantasías, con sus miedos y tabúes. Con su pureza y con su perversión. Con su arriba y su abajo. Todo en uno, de adentro hacia afuera.
Único en su especie.
Eso, para mí, es Arte.
6 de julio de 2011
Tabique de Aquiles.
Creo que descubrí un puntito más de este asunto del esqueme referencial personal. Perdí completamente la capacidad de jugar. Seducir, seducción. Eso. Antes me encantaba seducir, jugar.
Saberte ahí, esperando por mi movimiento, expectante. Esperando que te haga cucharita mientras estamos descansando, esperando que te clave los ojos o que te diga lo bien que estás. Me gustaba saberte mirándome el bulto de lejos. Me gusta jugar con ese poder, dártelo, quedármelo, que me lo arrebates, violártelo.
Ahora estoy más blando. Atravezable y sin resistencia. Esto ocurre no porque haya una pérdida de la fuerza de operancia, en lo absoluto. Sino por el contrario, que hay más bien una permeabilidad tan pulcra que parece funesta. Se trata de una especie de adicción a la sinceridad. Su nivel de profundidad es tal, que esa seducción a veces se pierde frente a lo transparente del deseo.
Todo se torna grotesto, Kafkeano, realmente. A pesar de todo este escarmiento, sé que solo se trata de encontrar esa cómplice, esa dupla apta a la profanación de la fantasía. Nada más que el mutuo cosquilleo a la sutil perversión.
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