6 de julio de 2011

Tabique de Aquiles.

Creo que descubrí un puntito más de este asunto del esqueme referencial personal. Perdí completamente la capacidad de jugar. Seducir, seducción. Eso. Antes me encantaba seducir, jugar.

Saberte ahí, esperando por mi movimiento, expectante. Esperando que te haga cucharita mientras estamos descansando, esperando que te clave los ojos o que te diga lo bien que estás. Me gustaba saberte mirándome el bulto de lejos. Me gusta jugar con ese poder, dártelo, quedármelo, que me lo arrebates, violártelo.

Ahora estoy más blando. Atravezable y sin resistencia. Esto ocurre no porque haya una pérdida de la fuerza de operancia, en lo absoluto. Sino por el contrario, que hay más bien una permeabilidad tan pulcra que parece funesta.  Se trata de una especie de adicción a la sinceridad. Su nivel de profundidad es tal, que esa seducción a veces se pierde frente a lo transparente del deseo. 

Todo se torna grotesto, Kafkeano, realmente. A pesar de todo este escarmiento, sé que solo se trata de encontrar esa cómplice, esa dupla apta a la profanación de la fantasía. Nada más que el mutuo cosquilleo a la sutil perversión.

4 comentarios:

Oscuro dijo...

Son períodos. Ya se volverá a lo de antes o surgirá algo mejor.

él entre mil dijo...

Nadie dijo lo contrario, don. Eso claro está, como todo lo que gira se mueve y se transforma.

Lucila Haus dijo...

Me atrevo a decir que dudo que hayas perdido la capacidad de jugar y seducir, si realmente fuese así, no estarías escribiendo de una manera tan intensa y sentida. Por otro lado creo que, entre otras cosas, lo que define a un hombre/varón es la posibilidad de no ser siempre un macho semental, lo masculino incluye también la vulnerabilidad, no?. Beso!

Flowers dijo...

y, ¿amigo? continuemos.
le mando un beso.